Pongamos que su nombre es Severino.
Severino es un honrado ciudadano de esta parte de la Ribera del Ebro. Es enfermero a domicilio, tiene unos cincuenta años y muy mala uva. Sí, por lo visto es un profesional como la copa de un pino, pero siempre anda de mal humor, no sale de su boca una palabra amable, dicen de él que sólo habla lo justo para comunicarse con los pacientes, y que su única compañía es su perro Jasper. Dicen de él que es un ermitaño. Y lo dicen y lo cuentan con una especie de pena fingida..
Pues bien, Severino ha cambiado. Hace poco se metió en un chat, se hizo amigo de una colombiana, se enamoró, se fué a Colombia, la conoció en persona, se casó con ella, volvió a la Ribera, se volvió a casar (Por la iglesia, como Dios manda) y ahora no hay un sólo día en que no sonría, siempre de buen humor y me han contado que todos los sábados se va con su mujer al "Café Brasil" y se ponen morados de bailar salsa. Ahora vive con su mujer, la hija de ella y con Jasper.
Y ahora que está contento y sonríe a todas horas como un idiota, porque Severino es realmente feliz, se sigue hablando de él, pero ya no de la misma manera, ahora resulta que no hay un día en que no sonría, y hay que ver, todos los sábados a bailar salsa, y que ella lo tiene dominado y que...
Pues nada, Severino, que haga lo que haga seguirán hablando de usted, y que curiosamente las conversaciones eran mas sanas cuando era usted desagradable... Deje de sonreir, y por Dios, deje de bailar salsa, que no hay quien lo aguante...

1 comentario:
SIBEL DICE:
Muy buena la historia, si, cada vez abundan más parejas como la que cuenta, suele tratarse de hombres de aspecto taciturno con aires incluso misóginos que parece odian a sus paisanas y de pronto aparecen con una exótica caribeña y aunque en esencia siguen siendo los mismos , parecen totalmente entregados a estas mujeres.
Tal vez será que las mujeres europeas nos hemos vuelto muy selectivas?
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