lunes, octubre 30, 2006

Resumiendo

A pesar de haber comenzado el otoño hacía calor, ese calor molesto, ese que ya no quieres porque se supone que tiene que hacer frío, porque ya has sacado toda la ropa de invierno y quieres ponértela y te la pones porque ya has guardado la de verano, y pasas calor. Y a las seis de la tarde ya ha anochecido…

Quedé para cenar temprano. Y temprano es muy temprano. La gente del bar-restaurante tenía una media de cuarenta por lo alto y cinco por lo bajo, éstos últimos gritando y correteando por toda la cafetería, las niñas levantándose los vestidos y enseñándonos las bragas y los niños compitiendo a las carreras salvando obstáculos, tales como sillas, carritos de bebes y yo misma…Miré a la niña que tenía al lado y le dije: “Eres muy pesada”, muy bajito, porque me seguía sonriendo, así que supongo que no me oía.

Y de vuelta a casa, temprano, muy temprano, vi a todas las adolescentes camino de los bares, con sus minifaldas, sus botas, encantadas de ese calor que me estaba molestando tanto y gritando nerviosas al ver pasar a la pandilla de chicos de enfrente. “Que pereza”, pensé…

Ya en casa, me tragué lo que quedaba de informe semanal, que emitía un especial por las bodas de oro de televisión española… “Que triste” pensé…

Total:
“Molesta” por el calor de otoño y el anochecer de las seis de la tarde.
“Irritada” por los gritos de los niños.
“Pereza” por ver a las adolescentes en plena efervescencia.
“Triste” por irme temprano el sábado a dormir después de ver un especial de informe semanal por las bodas de oro de televisión española.
Así que tengo que sacar mi ropa de verano, no salir antes de las once de la noche, superar la pereza de las adolescentes y no volver a ver un especial de nada que celebre el aniversario de nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Coincido plenamente contigo. A mi me pasó no hace mucho algo parecido.