El metro me fascina. Hacía mucho que no lo cogía, pero por circunstancias de la vida me encuentro ahí metida dos veces al día.
El mío es muy bonito porque es nuevo, y si te colocas en el último vagón puedes ver como toma las curvas porque no hay separación entre vagones. Y si te colocas en el primero y pegas la nariz al cristal ves al conductor ahí, leyendo o charlando con un compañero, porque el conductor del metro no conduce, solo está pendiente de que la máquina funcione, le da a algún botón de vez en cuando, pero nada más.
Como en todas las líneas de metro, por las mañanas hay muchísima gente. Yo, que casi nunca tengo prisa, suelo esperar a que venga uno con vagones transitables, para no acabar estampada contra la puerta. Y me parecía increíble que hubiera gente capaz de meterse en hora punta y apretarse unos contra otros. Claro, hasta el día en el que yo tuve prisa, y me metí, y pegué mi bolso de mano en la cara de una niña muy pequeña, y yo iba con la cara pegada en la cazadora de cuero de un chico muy alto, que a su vez tenía su cara pegada a la puerta del vagón. Y de repente, en la siguiente parada, cuando se abren las puertas, sale todo el mundo arrastrado por la masa, el de la cara pegada al vagón con mi cara pegada a su cazadora de cuero, con la cara de la niña pegada a mi bolso de mano. Una vez fuera, todo el mundo se despega de los demás, algunos vuelven a entrar y otros toman diferentes caminos. No se si podría vivir esta situación todos los días…
Y ahora dicen que van a contratar gente para que empuje en el metro, para que empuje qué? Si no se puede empujar nada. A esas horas todos somos uno, si alguien empuja, salimos todos en masa. No se, a mi me da miedo, aparte del riesgo que supone ir todas las mañanas en hora punta, que llegue un tío y nos empuje a todos…
El mío es muy bonito porque es nuevo, y si te colocas en el último vagón puedes ver como toma las curvas porque no hay separación entre vagones. Y si te colocas en el primero y pegas la nariz al cristal ves al conductor ahí, leyendo o charlando con un compañero, porque el conductor del metro no conduce, solo está pendiente de que la máquina funcione, le da a algún botón de vez en cuando, pero nada más.
Como en todas las líneas de metro, por las mañanas hay muchísima gente. Yo, que casi nunca tengo prisa, suelo esperar a que venga uno con vagones transitables, para no acabar estampada contra la puerta. Y me parecía increíble que hubiera gente capaz de meterse en hora punta y apretarse unos contra otros. Claro, hasta el día en el que yo tuve prisa, y me metí, y pegué mi bolso de mano en la cara de una niña muy pequeña, y yo iba con la cara pegada en la cazadora de cuero de un chico muy alto, que a su vez tenía su cara pegada a la puerta del vagón. Y de repente, en la siguiente parada, cuando se abren las puertas, sale todo el mundo arrastrado por la masa, el de la cara pegada al vagón con mi cara pegada a su cazadora de cuero, con la cara de la niña pegada a mi bolso de mano. Una vez fuera, todo el mundo se despega de los demás, algunos vuelven a entrar y otros toman diferentes caminos. No se si podría vivir esta situación todos los días…
Y ahora dicen que van a contratar gente para que empuje en el metro, para que empuje qué? Si no se puede empujar nada. A esas horas todos somos uno, si alguien empuja, salimos todos en masa. No se, a mi me da miedo, aparte del riesgo que supone ir todas las mañanas en hora punta, que llegue un tío y nos empuje a todos…

3 comentarios:
¿Y tu coche,Ana?
Mi coche para el extrarradio...
En Madrid, la televisión autonómica dice: muevete en metro...
La verdad es que no me extraña, debe estar imposible aparcar!
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